Comencé a observar que el ser humano sólo da cuando pretende conseguir algo, consciente o inconscientemente, a corto o a largo plazo.
Le quite la tela a estos ojos que cubiertos de ingenuidad creyeron que el altruismo era esencia humana.
Me repetí mil veces que de los errores se aprende, porque aprendí que los errores existen.
Y, ahora, mi ojos anunciados en rencorosos libelos, punzados con mil alfileres y despojados de su esencia natural ya observan distantes los pasados que no debieron ser.
Más fuerte que nunca me enfrento a palabras, que encajan cuando no desencajan, de aquellos que creen combatir emociones que nunca existieron.
Valorando realidades hasta convertir lo que fue real en un esbozo utópico de algo que ni siquiera quedó en cenizas.
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