A fin de cuentas soy yo quién elige, y ahora elijo observar como la lluvia no cesa, darme tiempo para acostumbrarme a la oscuridad. Y, sobre todo, para volver a ser mariposa sin que la copiosidad de telas de arañas vuelvan a engancharme.
jueves, 21 de febrero de 2013
EL VERANO QUE NOS COMIMOS LA LUNA
Los días sólo deseaban dar paso a las noches,
nuestros cuerpos despojados de pudor
se arrojaban al fuego cada velada.
Mordíamos la noche,
parábamos el tiempo,
mirábamos al infinito,
en una huida nocturna incesante.
Pero nadie nos dijo que el sol no siempre brilla
que puede llegar a desgarrar el alma.
Ahora, nos queda la batalla diaria de cicatrizar
el verano que nos comimos la luna.
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