Hoy es uno de esos comunes días pasados, en que me sentaría a tu lado y observaríamos páginas de libros de alguna civilización. Tú me mirarías orgulloso y repetirías, como siempre, ¡qué lista es mi niña!
Hoy es uno de esos comunes días pasados en que los dos soñadores, tu y yo, caminaríamos por los campos para observar el fruto de tu trabajo, la belleza de nuestra tierra.Comprobando como solíamos hacer, la verdadera esencia de la vida. Entonces tú me relatarías algunas de tus pasadas hazañas o te acercarías al borde del camino, saltando el arroyo, para enseñarme como germinan los sueños, como se labra la vida.
Pero, hoy, ya no es uno de esos comunes días pasados. Hoy soy yo la que contempla páginas de libros, sola. La que cansada de saltar arroyos ha optado por las cameras. La que ya no comprende como se labra la vida. La que sufre tu ausencia minuto a minuto.
Eras quien abría las compuertas de luz en mi mundo cuando la oscuridad se imponía y hacía acto solemne de presencia.
Ya no sé cuánto hubiera dado la que siempre será tu niña por saber cómo hacer aparecer esa sonrisa, que estando juntos derrochaba.
Sinceramente, hoy en día, miro atrás , ¡¡¡que ingenua era!!! no sabía cómo nos cambia el dolor inconsolable. Qué torpe manera de no haber temido a la vida sin ti, la vida tan distinta en adelante.
Lo cierto, es que ni siquiera sospechaba lo triste que era carecer de tus formas más tristes. Lo cierto, es que te siento en mi, quizás algún día, volvamos a ser los soñadores que recorrían los verdes campos saltando los arroyos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario